domingo 1 de noviembre de 2009

La Gira Pachanguera (Primera Parte): Cuzco-Abancay

*Con ustedes, La Pachanga.



La salida gloriosa del Cuzco

Nuestros últimos días en el Cuzco fueron por demás agitados. Yo me encerré días enteros en el estudio de grabación terminando de grabar y mezclar el disco de Pachanga “Qué Borrachera”, que recién lo pudimos terminar tres días antes de irnos, perdiendo fortunas en ventas con cada día de retraso. Ni bien terminé mi laburo con el disco de Pachanga, volvimos al otro día al estudio a grabar “El Precipicio”, la primer canción del disco de Los Discípulos de Alkachofa, “Canciones por la Carretera”.
La experiencia de trabajar en el estudio resultó extremadamente cansadora y tediosa, sobre todo cuando uno quiere que cada detalle quede perfecto y el tiempo en el estudio es limitado, pero al final del día, al ver los resultados, no creo que haya algo más gratificante que escuchar cómo va tomando forma una creación personal, que algún día fue solo una idea incipiente. Y la música tiene esa característica peculiar: si no se plasma en una grabación queda en la nada absoluta, en una materia totalmente inasible que se desvanece en el aire.
Por esos días, Valerio se fue a Lima a verlo a Charly García, emprendiendo un viaje de 20 horas, para volver al otro día. Ni bien volvió, nos pusimos a ensayar con la banda de Ska y Punk “No Funka García” para grabar un disco. Al final el tiempo alcanzó para que Valerio deje grabadas solo unas baterías.
Un sábado 3 de octubre, hicimos el estreno del disco de Pachanga en el bar Wachuma y al martes siguiente hicimos el show de despedida en el mismo bar. Esa despedida del público de Cuzco fue la mejor que pudimos tener. El bar se llenó con todos los conocidos y amigos que habíamos hecho en esos seis meses en el Cuzco, y ahí estuvimos armando la rumba hasta altas horas de la madrugada. Al otro día estábamos saliendo para Abancay, con la certeza de que algún día volveríamos a esa ciudad que nos habría de marcar de por vida.
*En la inauguración de la discoteca "La Mamacha".
*El disco recién salido del horno

*Grabando "El Precipicio"





*Despidiéndome de la vieja




Abancay o la dura batalla de ganarnos el público local




*Afiche promocional por las calles de Abancay


*En las puertas de Abancay


Abancay, a cuatro horas de Cuzco, es un pueblo metido en la sierra, al que llegamos invitados por el bar Mamut para tocar dos noches. Enseguida sentimos el cambio de clima, mucho más cálido, y una cierta frescura por haber salido de Cuzco.
Julio, el dueño del bar, nos fue a recibir a la terminal de buses y de ahí nos llevó directamente a la radio local para promocionar el show. Las canciones de Pachanga sonaron por primera vez en la radio (ojalá no sea la última), y se me estremecieron las tripas al escuchar mi voz en “El Pibe” saliendo por la cadena local.


*Golpeando las puertas de la radio

Esa misma noche nos subimos al escenario para dar el primer show de Pachanga fuera de Cuzco. Ni bien entramos al local, nos dimos cuenta que no conocíamos a nadie y que el público iba a ser muy diferente al que estábamos acostumbrados. El público pachanguero cusqueño era bastante heterogéneo, pero estaba conformado en su mayoría por gringos curiosos que se enloquecían al primer golpe de tambor y, por otro lado, por artesanos, mochileros, vagabundos, artistas, malabaristas, cirqueros, locos y vendedores de drogas, que enseguida se prendían en la rumba pachanguera.
Cuando tocamos el último acorde de “Pachanga” (así se llama la canción con la que comenzamos el show) en Abancay, sobrevino un tímido aplauso del fondo. Y cuando levanté la cabeza y vi sus caras indiferentes, postrados en sus asientos, me di cuenta que este iba a ser un público muy difícil. Por primera nos enfrentábamos al público local, peruano y de pueblo, conservador y no habituado a ver bandas de rock y menos de temas propios.
Acostumbrados a ver bailar a todo el mundo ni bien suena nuestra música, no supimos cómo reaccionar ante este público callado, reservado, que se mantuvo indiferente en toda la primera parte del show. Hasta se subió el presentador para tranquilizar a la audiencia cuando descansábamos en el entretiempo: “Quédense tranquilos, que ahora vuelve la banda para tocar temas de Bob Marley y de UB 40, así no se aburren”, anunció por el micrófono. Y nosotros que nunca habíamos hecho temas de Marley o UB40 sentíamos cada vez más la presión y el nerviosismo.
Pero en ese momento tan difícil, apareció la figura caudillesca que habría de sacarnos a flote. Y él era el único que lo podía lograr y lo sabía. El enorme carisma y magnetismo de Mauricio Gómez, nuestro cantante y showman, reaparecieron de la nada. Ahí se planto en el escenario, batiéndose a duelo con la audiencia, a matar o morir, sin importarle más nada que ganarse el público. Su impacto escénico, genera una energía y una atracción que no te permiten sacarle los ojos de encima, cuando ya no importa como cante. Y los pibes abancaínos terminaron bailando y cantando nuestras canciones, y entre tema y tema se escuchaba: “Pachanga, Pachanga…”.
*"El Bocadillo" Gómez prendiendo la rumba

Ya para el show siguiente los teníamos a todos en el bolsillo y todo fue más fácil. Aunque después me tocó a mí sufrir a ese público helado. Por esos días en Abancay, no nos quisimos resignar a que “Los Discípulos de Alkachofa” desaparecieran en el fulgor de la gira de Pachanga. Así que le propusimos al dueño del local nuestro show a dúo para el sábado. Ese sábado por la tarde, se me cayeron algunas lágrimas gritando el gol de Palermo contra Perú, y no tuve mejor idea que recordarles el hecho a mis amigos peruanos como un dato de color en el show de esa misma noche. Ahí nomás me cayó una lluvia de silbatinas de la que no sé cómo me escapé. Agaché la cabeza y simplemente nos pusimos a tocar, remándola hasta conseguir esa atmósfera de buena energía que siempre buscamos producir entre nosotros y el público.
Al otro día nos embarcamos para Lima, cargados de ilusiones que pronto se verían aplastadas por la gran ciudad capital.


*Paliando el calor de Abancay
*Con los pibes abancaínos
El show de Abancay:































*Fragmento de la entrevista en "Radio Stereo 95":

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martes 27 de octubre de 2009

El Precipicio

Tengo el agrado de presentar la primer canción concebida, engendrada y nacida durante este innolvidable viaje. Nos propusimos con Valerio que en vez de pasarnos el viaje tomando cerveza y correteando mujeres, podíamos dejar algo en el camino, algo que quede para siempre, que trascienda nuestra existencia- además de tomar cerveza y corretear mujeres.

La canción se llama "El Precipicio" y comenzó a engendrarse durante una noche de locura en Valparaíso, cuando me puse a tocar dos pares de cuerdas al aire de mi guitarra, y Valerio me siguió con un bombo leguero.

Pero el tema no nació hasta que le escribimos la letra y las diferentes secciones en la casa de papá Victor y mamita Aurora en Arequipa, y le dimos los últimos retoques en el Cusco.

La grabamos en el Cusco, en dos sesiones en los estudios "El Vacilón de Romell". Fuimos casi sin ensayarla, y la parte más dificil fue a la hora de cantar, a las 10 de la mañana, recién levantado y con un guayabo más hijo e'puta que me quebraba la voz.

En la grabación participamos el "Nenei" Faiad con su bateria mejorada, yo en guitarra criolla, guitarra electrica y voz, y tuvimos el honor de la participación especial del "Mariscal Romell" (Rommer Daza Valenzuela) en bajo, que también fue el que se encargó de grabarnos (algo así como nuestro técnico de grabación). Nuestras gracias eternas a Romell por ese bajo increíble y por su paciencia durante las sesiones de grabación, sobre todo las largas horas que pasamos juntos terminando el disco de "Pachanga".

"El Precipicio" está inspirada en "La Arenosa", canción interpretada brillantemente por Mercedes Sosa. Así que este es como nuestro pequeño tributo a la negra, una de las más grandes cantantes que ha tenido nuestro país. Y dió la casualidad que empezé a escuchar su música días antes de que muera, y ese día, antes de enterarme, me escuché todo un disco de ella tomando sol en plaza San Blas, y me volví a conmover con su versión de "Gracias a la Vida".

Muy pronto, tenemos la intención de incluir "El Precipicio" en un disco lleno de canciones que vayan surgiendo durante nuestra travesía en distintos lugares de latinoamerica.
Este es el link en donde pueden escuchar la canción y también descargarla:

http://www.purevolume.com/DiscipulosdeAlkachofa/

Y ahora más que nunca es importante que comenten y que critiquen también.
La actualidad nos encuentra en Mancora, una hermosa playa al norte de Perú, a dos horas de Ecuador, luchándola como siempre, tocando hasta que sangren las manos.

lunes 21 de septiembre de 2009

Hasta siempre Cusquito querido!






Hoy, 21 septiembre, el día que escribo estas líneas, nos confirmaron las dos primeras fechas de la gira de “Pachanga” por Latinoamérica, en un pueblo llamado Abancay, a cuatro horas de Cusco en dirección a Lima. Después de la alegría inicial por la noticia sobrevino la nostalgia, porque también significa nuestra salida definitiva del Cusco, en unos pocos días. Siempre que se nos acercaba la fecha pactada para seguir viaje, decíamos: “Quedémonos un mes más”, pero ahora no hay vuelta atrás.
Cusco nos dio todo. Lo que Argentina nos negó tanto tiempo (en mi caso, 12 años, desde el día en que mi vieja me compró mi primer guitarra para navidad, y en el caso de Valerio, desde que nació con un palillo en la mano) Cusco nos lo dio enseguida. Cusco nos dio la posibilidad de vivir de la música desde el primer momento. Después de tantos años de práctica y estudio, Cusco nos permitió recoger los frutos de nuestro esfuerzo. Cusco supo valorar nuestro arte, no como en mi Buenos Aires odiada, donde hay que pagar para tocar. No como en mi querida Gualeguaychú, donde existe un solo lugar para tocar, solo dos días a la semana, gracias a la política de mierda y represiva de la municipalidad, que en vez de impulsar y fomentar lugares para difundir el arte de los jóvenes, les pone las mil y una trabas a cualquiera que se atreva a tener música en vivo. Prefieren tenernos encerrados en un recinto moviendo el cuerpo como idiotas con esa música de mierda que pasan en boliches y en discotecas, o a los pibes tomando y drogándose en una esquina en lugar de estar haciendo música o cualquier otra actividad cultural. Porque el arte te invita a pensar, y el que piensa es más autónomo y libre, y un hombre libre y autónomo es peligroso para el sistema.
Y ni hablemos de los sueldos irrisorios que cobra el músico en Argentina, donde los dueños de los bares piensan: “Pero si se está cagando de risa con su guitarrita y levantándose minas. Además le doy un par de cervezas, que más quiere”. En Cuzco, si bien no ganamos fortunas, el músico gana por encima del salario promedio de cualquier trabajador.
Con el “Nenei” Faiad (así lo hemos bautizado en la banda, por ser el más chico) tenemos muchísimas diferencias. Pero en algo coincidimos: las tres cosas más lindas de la vida son la música, la cerveza y las mujeres. Y acá nos dimos una panzada de todo eso.
En Cusco logramos el objetivo principal de este viaje, y de nuestras vidas: vivir de lo que nos apasiona hacer. Y después de Cuzco, nada será igual para nosotros. Nunca jamás vamos a poder volver a hacer otra cosa que no sea música. La simple idea de imaginarnos de vuelta trabajando en el Ciber de Paraná y Paraguay en Buenos Aires, nos dá escalofríos y ganas de vomitar.
En Cusco logramos muchísimas cosas: llegamos a tener la mejor banda de una de la ciudades más turísticas de Latinoamérica (si no la mejor, la que más gente mueve). Mañana terminamos de grabar un disco con esa banda, ojalá el primero de muchos con el Nenei, que también es mi primer disco.
Por otro lado, en julio nos eligieron a Valerio y a mí, con los “Discípulos de Alcachofa”, como los mejores músicos del bar Nuna Machay junto con el “Phuru” y su banda, habiendo sido seleccionados para tocar en las fiestas patrias peruanas en dicho bar.
También fue muy satisfactorio haber tocado con muchísimos músicos de gran nivel a lo largo de estos seis meses, como Michel, ex tecladista de Alejandro Saenz, que nos invitó a tocar en sus jam sessions de lunes y miércoles en el Km Cero.
En mi caso personal, logre transformarme de guitarrista en músico, abarcando otros instrumentos como la voz y el bajo, y entendiendo la música de una manera más amplia.
En definitiva, gracias Cusco por tanta magia, una ciudad a la que seguro regresaremos y en la que yo tengo pensado vivir algún día.
Y a los músicos que andan por ahí, que todavía no se animan a dejarlo todo por la música, a los que no se animan a dejar la carrera de Abogacía “porque con la música te vas a morir de hambre”, a los que no se animan a dejar el cubículo de la oficina en el microcentro porteño porque les de la seguridad de tener un sueldo todos los meses, a los que laburan de cadetes para un hijo de puta que se llena de plata mientras a vos no te alcanza ni pa’ comer y te consume la mitad de tu vida. A todos ellos les queremos decir: con la música se vive, se come y se educa. Es cuestión de proponérselo, porque a los que tienen bien en claro lo que quieren para sus vidas y se esfuerzan en conseguirlo, lo consiguen.
No nos quedan más que palabras para agradecer a todos esos que nos dijeron: “Vayan para adelante, lo van a lograr, persigan sus sueños”. Yo le agradezco a mi mamá por todo ese empuje que me dio siempre para hacer siempre lo que me haga feliz: por comprarme mi primer guitarra, por insistir en que tome clases, por comprarme esa entrada para ver AC-DC, el concierto que me cambió la vida, por inculcarme el amor por los viajes.
Y a los que siempre nos dijeron: “¿Qué vas a hacer de tu vida?”, “Con la música te vas a cagar de hambre toda tu vida”, “Ponete a laburar, que con la guitarrita no vas a llegar a nada”. A esos les decimos: váyanse a la concha de su madre!!
Y a vos, cusquito querido, gracias por los mejores días de nuestras putas vidas !Hasta Siempre!


Recuerdos Cusqueños

Pachanga en pleno apogeo: al aire libre, la foto forma parte del afiche de la primer parada de la gira "Qué borrachera" en Abancay.


Grabando "Qué Borrachera":


Los Discípulos en vivo en "El Nuna":

Pachanga en el Km Cero:


Con la vieja!

Video de "Lagrimas negras" por los Discípulos de Alcachofa (Juan Manuel de Pachanga en la percusión):


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sábado 19 de septiembre de 2009

Y llegó el video!

Por fin pudimos subir dos videitos para mostrar un poco lo que estamos haciendo en el Cusco. Los dos son representativos de los dos proyectos más importantes que tenemos por ahora. Ya habiendo dejado "La Vieja" por diferencias musicales mías con Alvaro, el líder de la banda, y teniendo que abandonar forzosamente nuestra banda de bossa y jazz por la partida de Laurita, la cantante, nos hemos quedado en "Pachanga", que se ha transformado en la mejor banda del Cuzco, con la cual estamos terminando de grabar nuestro primer disco, titulado "Qué borrachera".

Hemos subido un video de Pachanga en la meca rockera cusqueña, el Km Cero. El tema se llama "Mentira", original de Pachanga, y el video capta el clima fiestero que se vivía en los días de temporada alta -mediados de agosto-, en los que la ciudad estallaba de gringos. Hoy la ciudad está practicamente vacía (disculpen la baja calidad de imagen, y la poca luz que tiene el video).

El segundo video corresponde a nuestro otro proyecto, "Los Discípulos de Alcachofa", en el que participamos valerio y yo solamente. El dúo sigue siendo lo que mejor nos funciona económicamente. Y me llena de satisfacción poder armar algo decente solo con dos personas, con Valerio tocando su mini bateria y yo solamente con mi voz y mi guitarra acústica. La canción es una de las más simples que tocamos y simplemente la subimos porque es la única que tenemos grabada en video por ahora. La canción es "Ruta 66" y fue filmada en el bar "Nuna Machay" por mi madre, que me vino a visitar, pa' ver en que andaba el nene (gracias Ma por tanta inspiración y buena energía que me diste en esos diez días conmigo en el Cuzco...gracias Teo también...ah, y gracias por el dulce de leche, los alfajores, y los kilos de yerba Canarias que nos trajiste, para recordar un poco a nuestra querida Argentina, que verdaderamente lo único que le extrañamos es la comida).

Con los Discípulos de Alcachofa ya compusimos una canción, que vamos a grabar en unos días, con el plan de hacer un disco con canciones compuestas a lo largo de todo nuestro viaje por latinoamérica. Y ya tenemos las remeras oficiales del dúo, pintadas a mano por mi hermana Natacha (gracias Naty!).

Y por ahora, estaríamos saliendo de Cusco el 10 de octubre, con rumbo a Abancay, a cuatro horas de acá, en dirección a Lima, primera parada de la gira Pachanguera "Qué Borrachera". Aunque es muy difícil salir de Cusco. Todos los meses decimos: "el mes que viene nos vamos". Y cuando estamos decididos a irnos, esta ciudad nos ofrece más placebos que nos invitan a quedarnos. Pensar que vinimos por cuatro días, y cuando nos vayamos va a haber pasado ya medio año de nuestras vidas en el Cuzco, los mejores 180 días de nuestras vidas.

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Links de youtube, para verlos en pantalla grande:

http://www.youtube.com/watch?v=XrNhhrK7BPA

lunes 27 de julio de 2009

Dos días en la vida

*Rockeando el Km Cero con Pachanga


I. “Tanta alegría seguida nos va a hacer mal”


Me levanto como a las diez de la mañana. Ya mi reloj biológico me despierta siempre alrededor de esa hora, a la que me he visto forzado a levantarme para poder ducharme todos los días. En el barrio de San Blas, arriba del cerro, la presión de agua se corta entre las diez y media y las once de la mañana, dejándonos sin agua hasta las 4 de la mañana del día siguiente. Valerio duerme. Los nativos lo han bautizado “Moqueua”, que significa “vago” en quechua, por sus largas horas de reposo en su lecho. Desayuno mi pan con palta y huevo frito, y el infaltable tesito. Como tenemos que hervir el agua para tomarla del grifo, ya solo tomamos té en lugar de agua, que también nos ayuda a palear un poco el frío.
Hoy es un domingo soleado, parece un día normal, como todos. Todos los días son hermosos en Cuzco. No ha llovido una sola vez desde que llegamos hace tres meses. !Uy! Me había olvidado: hoy no es un día común y corriente. Hoy toca Pachanga. Hoy hay fiesta. Cada domingo con Pachanga es único. Se despliega tanta energía arriba y abajo del escenario que hace de cada noche una velada inolvidable. Desde que entramos a la banda la popularidad del grupo ha crecido en Cuzco, y a nuestro domingo en el bar Km Cero, hemos sumando el miércoles en el Illapa, el viernes otra vez en Km cero, el sábado en Wuachuma y otra fecha el domingo en Hierba Buena. Además tenemos el galardón de ser la banda que más público femenino atrae. Tenemos las estadísticas que lo comprueban!
Lo levanto a Valerio. Tenemos que ir a ensayar la última composición de Pachanga, y la primera en la que participamos nosotros. Mauricio y el negro, dos de los tres colombianos de Pachanga, me enseñaron una letra que habían escrito en una de las tantas noches de borrachera cuzqueña. Era una letra dedicada al Pibe Valderrama, y solo tenían una vaga idea de la melodía y del ritmo. Querían hacer una cumbia colombiana llena de tambores y percusión, a lo “Totó La Momposina”. La idea me encantó desde el primer momento, y enseguida nos pusimos a trabajar en eso. Ese día terminamos la canción entre todos, y los hijoeputas (como dicen ellos), me dieron para cantar una estrofa que dice:


“Del 90 al 94, mi selección,
Recordamos un 5 a 0, mi selección…”


Llegó la noche. Las noches en Cuzco sí que son diferentes todas. Nunca sabés como vas a terminar. “La noche está buena porque es cuando la realidad descansa”, me dijo un amigo. Y la gente siempre es más abierta y honesta a la noche, cualidades energéticas del alcohol. La noche es nuestro tiempo de trabajo, y en este punto me ocurre algo muy raro: nuestro tiempo de ocio y nuestro tiempo de trabajo no son muy disímiles. No son dos realidades opuestas, que se enfrentan, como cuando uno llega de la oficina, se prepara una comida rápida y se pone a mirar a Tinelli o a cualquier basura que den en la TV para tratar de escaparse de esa larga jornada de trabajo que lo mantuvo a uno tensionado y alienado durante ocho o diez horas. Nuestro trabajo es puro goce y se disfruta al máximo, aunque terminemos también muy cansados. Pero al otro día, lo primero que hago es agarrar una guitarra y ponerme a tocar, escuchar música, bajar canciones y letras para practicar, ensayar con Pachanga, con La Vieja o con los Discípulos de Alcachofa. Nuestro día es una totalidad totalmente armonizada. Y pensar que con Valerio nos conocimos hace dos años, trabajando 12 horas en un ciber por unas pocas monedas.
El Kilómetro Cero explota de gente, como todos los domingos. Se acerca la medianoche y estamos tocando con la misma energía de siempre, cuando Ariel, el dueño del bar, nos dice que paremos de tocar. La policía de migraciones está afuera.


*Con ustedes, La Pachanga: (de izq. a der.) Arriba, el Negro, Javier y Sachy. Abajo, Valerio, Mauricio y yo.







*Fiesta pachangera en el Km Cero











*Fiesta pachangera en el Wachuma


II. “Argentino, clandestino”


Me despierta un extraño sonido. Lo reconozco después de unos segundos, pero hacía tanto que no escuchaba ese ruido ensordecedor y molesto, que estuve despistado por un momento. El sonido provenía de un despertador -“oh, maldito engendro del demonio”-, que me lo había prestado nuestro amigo Javier, otro de los colombianos de Pachanga. En nuestra vida no existen relojes, ni despertadores, ni fecha en el calendario. Nos despertamos cuando el cuerpo te lo pide.
Hoy es lunes, el feriado del músico cuzqueño, nuestro único día de descanso. Pero hoy no es un lunes para nada normal. Anoche cayó la policía de migraciones al bar donde estábamos tocando, y nos citó para la mañana siguiente, para ir a declarar por tocar sin permiso de trabajo, siendo la mayoría del grupo extranjeros. Como siempre, los tombos como le dicen en Colombia, los Wachyman como le dicen en Perú, los pacos culeaos como les dicen en Chile, o simplemente la yuta hija de remil puta como les decimos nosotros, molestando a los artistas, a los que se ganan el pan sin molestar a nadie, llevando su arte por el mundo.
Esa noche nos dejaron terminar el show, en el cual descargamos toda nuestra furia con muchísima fuerza. Esa noche se coreó nuestra ya popular “Los municipales”, que habla de los agentes de la ley que levantan diariamente parches, artesanías y artesanos, deportándolos a sus países, junto con malabaristas, músicos y actores.
Me levanto. Valerio duerme. Nos encontramos con Javier, guitarrista, el único de los colombianos de Pachanga que no tiene problemas con la ley (Mauricio, el cantante de la banda, está hace 8 meses de ilegal en el Perú, y el Negro, percusionista, que también es artesano, ya fue intervenido por migraciones cuando estaba parchando en Plaza San Blas, y fue amenazado con la deportación si lo encontraban trabajando nuevamente). Luego lo encontramos a Sachy, el peruano de la banda, que se encarga de tocar el D’Jembé en Pachanga. Lo despertamos a Valerio, y los cuatro salimos para la comisaría.
Nos hicieron esperar como una hora en la sala de espera, en donde había un afiche en la pared con varios consejos policiales. Uno, el que más recuerdo, decía: “Si no puedes convencerlos, confúndelos”. Y eso fue lo que hicieron. Primero, trataron de asustarnos lo más que pudieron. “Ahora tengo que esperar un llamado del jefe. El me va a decir si los dejo ir o si pasan la noche aquí, para luego deportarlos”. Después de amenazarnos, extorsionarnos y tratar de asustarnos, obviamente llego el pedido de coima. “Si no quieren tener más problemas, nos tienen que dar algo”.
Y me da mucha vergüenza decirlo, y me costó mucho aceptarlo, pero tuvimos que transar con la policía. Le dimos 10 soles cada uno y nos fuimos. “Si quieren seguir tocando, me llaman o vienen a hablar conmigo por acá”, nos dijo el oficial cuando nos despedíamos y ellos se iban a almorzar a un lindo restaurant con nuestro dinero.
Era o transar o irnos de Cuzco. Y como amamos esta ciudad, y nos sentimos cuzqueños casi, decidimos arreglar el tema. Una vez cada tanto le llevamos una botella de whisky o de ron, y le tiramos unos pesos a estos hijos de puta. Ese día lunes salimos para Brasil, para renovar nuestra visa peruana y estar tres meses más en este país, el Perú, país generoso.













*Mauricio, el cantante y showman de Pachanga








*Pachanga con los mexicanos de Olin.




*Tambien tenemos nuestros fanáticos masculinos. Aquí el negro Sosa, tratando de
conquistar el amor de Valerio.










*Con nuestra otra banda, "La Vieja", en "El Nómade". A la izquierda, Alvarito, y a la derecha el saxofonista llamado Lucas.

lunes 29 de junio de 2009

El Cuzco

Será la música mi leche y mi comida

"El Cuzco es una fiesta, un magia que emana de las propias piedras con las cuales esta construida" (Seco Pon, J.L, 2009:48)


*Noche debut en el Km Cero


No sé por donde empezar a narrar todo lo que nos está pasando acá en esta ciudad increíble llamada El Cuzco. Vinimos a pasar dos o tres días para que Valerio conozca, y ya pasamos dos meses pegaos en el Cuzco. Dos meses que parecen dos años, por la cantidad de cosas que nos han sucedido.
Llegamos al Cuzco con muchos temores. Estaba el miedo constante, latente todo el tiempo, de que en cualquier momento esos 500 dólares que llevábamos cada uno en nuestros bolsillos se iba a acabar rápidamente. Y eso creaba tensiones en nuestra muy reciente relación con Valerio: de un día para el otro, dos desconocidos tenían que pasar 24 horas diarias juntos, tratar de ganarse la vida día a día, pasando hambre algunos días, en esos primeros momentos de nuestro viaje por Chile.

Además, todavía no teníamos la confianza que necesitabamos para creer en nosotros, todavía no sabíamos si lo ibamos a lograr, si nuestra música, nuestra pasión, lo único que sabemos hacer en este mundo, lo único que nos mueve a hacer cosas, si esa música que amamos nos iba a dar de comer algún día, nos iba a permitir viajar, nos iba a hacer sentir realizados.

Otro miedo, en este caso personal, era que yo jamás me había considerado cantante, nunca había cantado más de dos canciones por show y nunca imaginé que cantaría con mi guitarra más de dos horas por noche. Pero me convencí de que lo podía hacer y fuimos para adelante.

Para lograr mi cometido, heché mano de varios recursos del cantante "ladri". Debido a mi imposibilidad de llegar a las notas más altas (ese maldito Fa es mi techo), bajé un semitono la afinación de mi querida guitarra "Fonsequita" y descubrí que las canciones se pueden bajar de tonalidad y el tema sigue sonando igual, lo que se adecua más a mis tonos graves y me posibilita estar muchos más cómodo con mi voz.

Esas primeras semanas también fueron muy difíciles porque Cuzco está lleno de músicos y todos los lugares nos cerraban las puertas, diciéndonos que ya estaban completas todas las fechas para bandas.
Hicimos audiciones en dos restaurantes y fuimos rechazados: "Los llamamos". Ese mismo día, con la cabeza agacha fuimos a preguntar a uno de los últimos bares que nos quedaban por visitar. Quedaba en el hermoso barrio de "San Blas", subiendo por el cerro, desde donde se puede avistar todo Cuzco. El lugar llamado "Km Cero", lo regentea un chileno, que estaba parado detrás de la barra. Resignados, esperando otro "No", casi pegando la vuelta antes de decirle cualquier cosa, le pregunto, cansado ya de repetir el mismo discurso tantas veces, sin obtener resultados:
-"Amigo, somos músicos viajeros, y estamos buscando lugares para tocar".
-"Vengan mañana a hablar. Tocan la semana que viene", nos dijo Ariel, otro viajero como nosotros, que está de paso por el Cuzco montando su negocio por un tiempo.
Super contentos, salimos de ahí y fuimos al último bar que nos faltaba: "Tocan mañana". De repente, todo comenzaba a gestarse.
Los discípulos de Alcachofa hicimos nuestro debut en un show largo (hora y media) en el bar "The Muse", después de dos semanas de ensayo en nuestro hostel a las afueras de la ciudad. Todo salió bastante bien para no tener sonido, teniendo que gritar para que mi voz no se escondiera entre las voces de la gente ni por el ruido de la licuadora de los coctéles.
Pero al día siguiente ocurrió la magia: tocamos en el Km Cero, el mejor bar de Cuzco, con la mejor onda, donde se resguarda toda la bohemia en las frías noches Cuzqueñas. Con un excelente sonido, en el lugar se mezclan los gringos con plata, con los artesanos, los músicos, los poetas y los viajeros de toda latinoamérica y el mundo.
La buena vibra que hubo esa noche nos abrió los ojos. Pudimos transmitir algo que va más allá de lo musical, y nos dimos cuenta de que nosotros podíamos. Después de esa noche, todo salió como por arte de magia. El chileno nos ofreció tocar en su bar todas las noches, despues de las bandas principales, en una especie de "after hour" que comenzaba a las doce de la noche. "El Kilómetro" se llenó todas las noches y nos empezaron a llamar de otros bares.
*Con Arielito, el dueño copado del "Kilómetro".
Y los músicos de la escena local nos empezaron a mirar con recelo. Ni nos dirigían la palabra. Pero hubo unos pibes de Colombia, que la estaban rompiendo todos los domingos con su pachanga fiestera, que nos invitaron a un ensayo para ver si podíamos hacer algo juntos. La conexión que hubo ese día fue increíble, y enseguida nos aceptaron. Valerio y yo nos pusimos arreglar las canciones originales de la banda, poniéndole muchas cosas nuestras, lo que fue algo muy gratificante. Y estabamos haciendo algo diferente, o por lo menos para mí: tocar en una banda de música para bailar.
Pero al poco tiempo hubo problemas con el bajista de la banda, y yo me adentré en un nuevo desafío. Agarré el bajo, y hoy puedo decir que también soy bajista. Y "Pachanga" sale de gira en agosto, rumbo a Ecuador, con Valerio en la bateria y yo en el bajo.
*Los colombianos de Pachanga, cantando con "Los discípulos de Alcachofa".
Después otro músico, de Lima -por cierto, el mejor cantante que hay en Cuzco-, se fijó en nosotros y nos invitó a unirnos a su banda de Rock, Funk y Reggae. Y además, nos invitó a compartir el alquiler de su hermoso departamento, en el barrio de San Blas, a la vuelta de todos los bares en donde tocamos. Alvarito, ya un gran amigo, fanático de los Beatles, también se va de gira con nosotros.
*Alvarito al frente de su Fender Stratocaster, improvisando con "Los Discípulos".
Y por último, conocimos a Laurita, una española divina, con una voz increíble, que está realizando nuestro sueño originario: viajar por latinoamérica con su música, en una Kombi Volkswagen que compró en Chile con otras tres amigas. Con Laura armamos una banda de Jazz y Bossa Nova, que nos dió muchas satisfacciones y nos enriqueció musicalmente. Les recomiendo que visiten su blog: http://www.kombidinamita.blogspot.com/
Y nosotros seguimos con nuestro dúo "Los discípulos de Alcachofa", que hasta ahora es lo que mejor nos rinde económicamente.
Por otro lado, Valerio se perfila como el mejor percusionista del Cuzco (yo no tengo dudas de eso), dejando boquiabiertos a todos con el sonido que le saca a su bateria minimalista, que cabe en una mochilita. Apodado "El Pulpo" porque parece que tiene ocho brazos cuando toca su batería, consiguió trabajo con uno de los músicos mas conocidos del Cuzco: "El Phuru".
Y me fui al carajo escribiendo. Gracias a todos los que nos apoyaron en este camino que hemos emprendido. Se puede!!!



*Noches de Jam Session en el "Kilómetro". Acá con Juancito cantando "La Bersuit".

*Con la gringuita, haciendo música balcánica.

*Alvarito!

*Con Fernando, el mejor bajista de Cuzco (el único), que se une a "Los Discípulos de Alcachofa" cuando nos transformamos en banda en el bar "Sacras".

*Con nuestra mamita Chilena, que nos cuidó tanto...tanto!

domingo 24 de mayo de 2009

El Perú, país generoso!



*Mirador de Arequipa, con el volcán Misty de fondo.


En esta entrada simplemente nos toca agradecer a dos familias que nos dieron todo en nuestro arrivo al Perú. Ni bien llegamos a la frontera entre Chile y Perú, conocimos a Aldo, cuñado de mi amiga Gesenia, inspector de alimentos de la aduana peruana. Él, junto a su esposa y sus hijos, Piero y Sebastián, nos abrieron las puertas de su casa, sin conocernos. Nos ofrecieron sus confortables camas, que fueron como un oasis en el desierto, despues de tres días de viaje a dedo por el desierto de Atacama, durmiendo en estaciones de servicio y apenas cerrando un poco los ojos en los camiones.
En Tacna, a 20km de la frontera con Chile, descansamos y comimos los deliciosos platos de Aldo, cheff exquisito, incluído ese gran plato peruano llamado "lomo saltado".
Y despues de dos días partimos para Arequipa, a la casa de Victor, padre de Gesenia, guitarrista y cantante, amante de las zambas argentinas. Dio la hermosa casualidad que el día que llegamos era su cumpleaños, así que a la noche se armó la guitarriada, con mucho pisco, cerveza "Cusqueña" y abundante comida.


*A la derecha, el papá Victor.

Obviamente, desde el comienzo de la fiesta, Victor les pidió a los dos músicos argentinos presentes que tocaran, como un presente al homenajeado. A lo que yo respondí: "Después amigo". Estabamos demasiado tímidos; además ¿Qué íbamos a tocar? ¿"Welcome to Tijuana" de Manu Chao? Pero el pisco solucionó todo, y al poco tiempo estábamos a los gritos interpretando nuestro todavía escaso repertorio y otras canciones que fueron surgiendo.












*El "pulpo" Fayad en acción.
Al otro día caimos enfermos los dos, primero Valerio, después yo. Lo mismo nos está pasando ahora mismo, en el Cuzco, en donde lo estoy siguiendo a Valerio en una gripe que nos está alejando unos días de los escenarios.
Pero en ese momento, en Arequipa, Papá Victor y mamita Aurora, nos trataron como a sus hijos. Nos cuidaron, nos alimentaron y hasta nos llevaron al médico. Con Victor, además, compartimos nuestros conocimientos musicales: él nos enseñó los vals y las marineras peruanas, y nosotros le pasamos unos tanguitos en la guitarra.
Una vez recuperados, despues de cuatro días, salimos para Cuzco, y nos despedimos de esa familia increíble, con un corazón gigante, a la que no sabíamos como agradecerle por todo ese amor que nos dieron.
Ahora estamos viviendo en Cuzco, en una de las paradas más importantes de nuestras vidas, acariciando el sueño de vivir de la música, tocando todos los días, hasta tres shows por noche, a punto de alquilar un departamento por la temporada. Pero ya les vamos a dar más detalles.