Por fin pudimos subir dos videitos para mostrar un poco lo que estamos haciendo en el Cusco. Los dos son representativos de los dos proyectos más importantes que tenemos por ahora. Ya habiendo dejado "La Vieja" por diferencias musicales mías con Alvaro, el líder de la banda, y teniendo que abandonar forzosamente nuestra banda de bossa y jazz por la partida de Laurita, la cantante, nos hemos quedado en "Pachanga", que se ha transformado en la mejor banda del Cuzco, con la cual estamos terminando de grabar nuestro primer disco, titulado "Qué borrachera".
Hemos subido un video de Pachanga en la meca rockera cusqueña, el Km Cero. El tema se llama "Mentira", original de Pachanga, y el video capta el clima fiestero que se vivía en los días de temporada alta -mediados de agosto-, en los que la ciudad estallaba de gringos. Hoy la ciudad está practicamente vacía (disculpen la baja calidad de imagen, y la poca luz que tiene el video).
El segundo video corresponde a nuestro otro proyecto, "Los Discípulos de Alcachofa", en el que participamos valerio y yo solamente. El dúo sigue siendo lo que mejor nos funciona económicamente. Y me llena de satisfacción poder armar algo decente solo con dos personas, con Valerio tocando su mini bateria y yo solamente con mi voz y mi guitarra acústica. La canción es una de las más simples que tocamos y simplemente la subimos porque es la única que tenemos grabada en video por ahora. La canción es "Ruta 66" y fue filmada en el bar "Nuna Machay" por mi madre, que me vino a visitar, pa' ver en que andaba el nene (gracias Ma por tanta inspiración y buena energía que me diste en esos diez días conmigo en el Cuzco...gracias Teo también...ah, y gracias por el dulce de leche, los alfajores, y los kilos de yerba Canarias que nos trajiste, para recordar un poco a nuestra querida Argentina, que verdaderamente lo único que le extrañamos es la comida).
Con los Discípulos de Alcachofa ya compusimos una canción, que vamos a grabar en unos días, con el plan de hacer un disco con canciones compuestas a lo largo de todo nuestro viaje por latinoamérica. Y ya tenemos las remeras oficiales del dúo, pintadas a mano por mi hermana Natacha (gracias Naty!).
Y por ahora, estaríamos saliendo de Cusco el 10 de octubre, con rumbo a Abancay, a cuatro horas de acá, en dirección a Lima, primera parada de la gira Pachanguera "Qué Borrachera". Aunque es muy difícil salir de Cusco. Todos los meses decimos: "el mes que viene nos vamos". Y cuando estamos decididos a irnos, esta ciudad nos ofrece más placebos que nos invitan a quedarnos. Pensar que vinimos por cuatro días, y cuando nos vayamos va a haber pasado ya medio año de nuestras vidas en el Cuzco, los mejores 180 días de nuestras vidas.
Links de youtube, para verlos en pantalla grande:
http://www.youtube.com/watch?v=XrNhhrK7BPA
sábado, 19 de septiembre de 2009
lunes, 27 de julio de 2009
Dos días en la vida
I. “Tanta alegría seguida nos va a hacer mal”
Me levanto como a las diez de la mañana. Ya mi reloj biológico me despierta siempre alrededor de esa hora, a la que me he visto forzado a levantarme para poder ducharme todos los días. En el barrio de San Blas, arriba del cerro, la presión de agua se corta entre las diez y media y las once de la mañana, dejándonos sin agua hasta las 4 de la mañana del día siguiente. Valerio duerme. Los nativos lo han bautizado “Moqueua”, que significa “vago” en quechua, por sus largas horas de reposo en su lecho. Desayuno mi pan con palta y huevo frito, y el infaltable tesito. Como tenemos que hervir el agua para tomarla del grifo, ya solo tomamos té en lugar de agua, que también nos ayuda a palear un poco el frío.
Hoy es un domingo soleado, parece un día normal, como todos. Todos los días son hermosos en Cuzco. No ha llovido una sola vez desde que llegamos hace tres meses. !Uy! Me había olvidado: hoy no es un día común y corriente. Hoy toca Pachanga. Hoy hay fiesta. Cada domingo con Pachanga es único. Se despliega tanta energía arriba y abajo del escenario que hace de cada noche una velada inolvidable. Desde que entramos a la banda la popularidad del grupo ha crecido en Cuzco, y a nuestro domingo en el bar Km Cero, hemos sumando el miércoles en el Illapa, el viernes otra vez en Km cero, el sábado en Wuachuma y otra fecha el domingo en Hierba Buena. Además tenemos el galardón de ser la banda que más público femenino atrae. Tenemos las estadísticas que lo comprueban!
Lo levanto a Valerio. Tenemos que ir a ensayar la última composición de Pachanga, y la primera en la que participamos nosotros. Mauricio y el negro, dos de los tres colombianos de Pachanga, me enseñaron una letra que habían escrito en una de las tantas noches de borrachera cuzqueña. Era una letra dedicada al Pibe Valderrama, y solo tenían una vaga idea de la melodía y del ritmo. Querían hacer una cumbia colombiana llena de tambores y percusión, a lo “Totó La Momposina”. La idea me encantó desde el primer momento, y enseguida nos pusimos a trabajar en eso. Ese día terminamos la canción entre todos, y los hijoeputas (como dicen ellos), me dieron para cantar una estrofa que dice:
Hoy es un domingo soleado, parece un día normal, como todos. Todos los días son hermosos en Cuzco. No ha llovido una sola vez desde que llegamos hace tres meses. !Uy! Me había olvidado: hoy no es un día común y corriente. Hoy toca Pachanga. Hoy hay fiesta. Cada domingo con Pachanga es único. Se despliega tanta energía arriba y abajo del escenario que hace de cada noche una velada inolvidable. Desde que entramos a la banda la popularidad del grupo ha crecido en Cuzco, y a nuestro domingo en el bar Km Cero, hemos sumando el miércoles en el Illapa, el viernes otra vez en Km cero, el sábado en Wuachuma y otra fecha el domingo en Hierba Buena. Además tenemos el galardón de ser la banda que más público femenino atrae. Tenemos las estadísticas que lo comprueban!
Lo levanto a Valerio. Tenemos que ir a ensayar la última composición de Pachanga, y la primera en la que participamos nosotros. Mauricio y el negro, dos de los tres colombianos de Pachanga, me enseñaron una letra que habían escrito en una de las tantas noches de borrachera cuzqueña. Era una letra dedicada al Pibe Valderrama, y solo tenían una vaga idea de la melodía y del ritmo. Querían hacer una cumbia colombiana llena de tambores y percusión, a lo “Totó La Momposina”. La idea me encantó desde el primer momento, y enseguida nos pusimos a trabajar en eso. Ese día terminamos la canción entre todos, y los hijoeputas (como dicen ellos), me dieron para cantar una estrofa que dice:
“Del 90 al 94, mi selección,
Recordamos un 5 a 0, mi selección…”
Llegó la noche. Las noches en Cuzco sí que son diferentes todas. Nunca sabés como vas a terminar. “La noche está buena porque es cuando la realidad descansa”, me dijo un amigo. Y la gente siempre es más abierta y honesta a la noche, cualidades energéticas del alcohol. La noche es nuestro tiempo de trabajo, y en este punto me ocurre algo muy raro: nuestro tiempo de ocio y nuestro tiempo de trabajo no son muy disímiles. No son dos realidades opuestas, que se enfrentan, como cuando uno llega de la oficina, se prepara una comida rápida y se pone a mirar a Tinelli o a cualquier basura que den en la TV para tratar de escaparse de esa larga jornada de trabajo que lo mantuvo a uno tensionado y alienado durante ocho o diez horas. Nuestro trabajo es puro goce y se disfruta al máximo, aunque terminemos también muy cansados. Pero al otro día, lo primero que hago es agarrar una guitarra y ponerme a tocar, escuchar música, bajar canciones y letras para practicar, ensayar con Pachanga, con La Vieja o con los Discípulos de Alcachofa. Nuestro día es una totalidad totalmente armonizada. Y pensar que con Valerio nos conocimos hace dos años, trabajando 12 horas en un ciber por unas pocas monedas.
El Kilómetro Cero explota de gente, como todos los domingos. Se acerca la medianoche y estamos tocando con la misma energía de siempre, cuando Ariel, el dueño del bar, nos dice que paremos de tocar. La policía de migraciones está afuera.
El Kilómetro Cero explota de gente, como todos los domingos. Se acerca la medianoche y estamos tocando con la misma energía de siempre, cuando Ariel, el dueño del bar, nos dice que paremos de tocar. La policía de migraciones está afuera.
*Con ustedes, La Pachanga: (de izq. a der.) Arriba, el Negro, Javier y Sachy. Abajo, Valerio, Mauricio y yo.
*Fiesta pachangera en el Km Cero
*Fiesta pachangera en el Wachuma
II. “Argentino, clandestino”
Me despierta un extraño sonido. Lo reconozco después de unos segundos, pero hacía tanto que no escuchaba ese ruido ensordecedor y molesto, que estuve despistado por un momento. El sonido provenía de un despertador -“oh, maldito engendro del demonio”-, que me lo había prestado nuestro amigo Javier, otro de los colombianos de Pachanga. En nuestra vida no existen relojes, ni despertadores, ni fecha en el calendario. Nos despertamos cuando el cuerpo te lo pide.
Hoy es lunes, el feriado del músico cuzqueño, nuestro único día de descanso. Pero hoy no es un lunes para nada normal. Anoche cayó la policía de migraciones al bar donde estábamos tocando, y nos citó para la mañana siguiente, para ir a declarar por tocar sin permiso de trabajo, siendo la mayoría del grupo extranjeros. Como siempre, los tombos como le dicen en Colombia, los Wachyman como le dicen en Perú, los pacos culeaos como les dicen en Chile, o simplemente la yuta hija de remil puta como les decimos nosotros, molestando a los artistas, a los que se ganan el pan sin molestar a nadie, llevando su arte por el mundo.
Esa noche nos dejaron terminar el show, en el cual descargamos toda nuestra furia con muchísima fuerza. Esa noche se coreó nuestra ya popular “Los municipales”, que habla de los agentes de la ley que levantan diariamente parches, artesanías y artesanos, deportándolos a sus países, junto con malabaristas, músicos y actores.
Me levanto. Valerio duerme. Nos encontramos con Javier, guitarrista, el único de los colombianos de Pachanga que no tiene problemas con la ley (Mauricio, el cantante de la banda, está hace 8 meses de ilegal en el Perú, y el Negro, percusionista, que también es artesano, ya fue intervenido por migraciones cuando estaba parchando en Plaza San Blas, y fue amenazado con la deportación si lo encontraban trabajando nuevamente). Luego lo encontramos a Sachy, el peruano de la banda, que se encarga de tocar el D’Jembé en Pachanga. Lo despertamos a Valerio, y los cuatro salimos para la comisaría.
Nos hicieron esperar como una hora en la sala de espera, en donde había un afiche en la pared con varios consejos policiales. Uno, el que más recuerdo, decía: “Si no puedes convencerlos, confúndelos”. Y eso fue lo que hicieron. Primero, trataron de asustarnos lo más que pudieron. “Ahora tengo que esperar un llamado del jefe. El me va a decir si los dejo ir o si pasan la noche aquí, para luego deportarlos”. Después de amenazarnos, extorsionarnos y tratar de asustarnos, obviamente llego el pedido de coima. “Si no quieren tener más problemas, nos tienen que dar algo”.
Y me da mucha vergüenza decirlo, y me costó mucho aceptarlo, pero tuvimos que transar con la policía. Le dimos 10 soles cada uno y nos fuimos. “Si quieren seguir tocando, me llaman o vienen a hablar conmigo por acá”, nos dijo el oficial cuando nos despedíamos y ellos se iban a almorzar a un lindo restaurant con nuestro dinero.
Era o transar o irnos de Cuzco. Y como amamos esta ciudad, y nos sentimos cuzqueños casi, decidimos arreglar el tema. Una vez cada tanto le llevamos una botella de whisky o de ron, y le tiramos unos pesos a estos hijos de puta. Ese día lunes salimos para Brasil, para renovar nuestra visa peruana y estar tres meses más en este país, el Perú, país generoso.
*Pachanga con los mexicanos de Olin.
conquistar el amor de Valerio.
lunes, 29 de junio de 2009
El Cuzco
Será la música mi leche y mi comida
"El Cuzco es una fiesta, un magia que emana de las propias piedras con las cuales esta construida" (Seco Pon, J.L, 2009:48)

*Noche debut en el Km Cero
No sé por donde empezar a narrar todo lo que nos está pasando acá en esta ciudad increíble llamada El Cuzco. Vinimos a pasar dos o tres días para que Valerio conozca, y ya pasamos dos meses pegaos en el Cuzco. Dos meses que parecen dos años, por la cantidad de cosas que nos han sucedido.
Llegamos al Cuzco con muchos temores. Estaba el miedo constante, latente todo el tiempo, de que en cualquier momento esos 500 dólares que llevábamos cada uno en nuestros bolsillos se iba a acabar rápidamente. Y eso creaba tensiones en nuestra muy reciente relación con Valerio: de un día para el otro, dos desconocidos tenían que pasar 24 horas diarias juntos, tratar de ganarse la vida día a día, pasando hambre algunos días, en esos primeros momentos de nuestro viaje por Chile.




*Noches de Jam Session en el "Kilómetro". Acá con Juancito cantando "La Bersuit".

*Con la gringuita, haciendo música balcánica.

*Alvarito!

*Con Fernando, el mejor bajista de Cuzco (el único), que se une a "Los Discípulos de Alcachofa" cuando nos transformamos en banda en el bar "Sacras".

*Con nuestra mamita Chilena, que nos cuidó tanto...tanto!
"El Cuzco es una fiesta, un magia que emana de las propias piedras con las cuales esta construida" (Seco Pon, J.L, 2009:48)
*Noche debut en el Km Cero
No sé por donde empezar a narrar todo lo que nos está pasando acá en esta ciudad increíble llamada El Cuzco. Vinimos a pasar dos o tres días para que Valerio conozca, y ya pasamos dos meses pegaos en el Cuzco. Dos meses que parecen dos años, por la cantidad de cosas que nos han sucedido.
Llegamos al Cuzco con muchos temores. Estaba el miedo constante, latente todo el tiempo, de que en cualquier momento esos 500 dólares que llevábamos cada uno en nuestros bolsillos se iba a acabar rápidamente. Y eso creaba tensiones en nuestra muy reciente relación con Valerio: de un día para el otro, dos desconocidos tenían que pasar 24 horas diarias juntos, tratar de ganarse la vida día a día, pasando hambre algunos días, en esos primeros momentos de nuestro viaje por Chile.
Además, todavía no teníamos la confianza que necesitabamos para creer en nosotros, todavía no sabíamos si lo ibamos a lograr, si nuestra música, nuestra pasión, lo único que sabemos hacer en este mundo, lo único que nos mueve a hacer cosas, si esa música que amamos nos iba a dar de comer algún día, nos iba a permitir viajar, nos iba a hacer sentir realizados.
Otro miedo, en este caso personal, era que yo jamás me había considerado cantante, nunca había cantado más de dos canciones por show y nunca imaginé que cantaría con mi guitarra más de dos horas por noche. Pero me convencí de que lo podía hacer y fuimos para adelante.
Para lograr mi cometido, heché mano de varios recursos del cantante "ladri". Debido a mi imposibilidad de llegar a las notas más altas (ese maldito Fa es mi techo), bajé un semitono la afinación de mi querida guitarra "Fonsequita" y descubrí que las canciones se pueden bajar de tonalidad y el tema sigue sonando igual, lo que se adecua más a mis tonos graves y me posibilita estar muchos más cómodo con mi voz.
Otro miedo, en este caso personal, era que yo jamás me había considerado cantante, nunca había cantado más de dos canciones por show y nunca imaginé que cantaría con mi guitarra más de dos horas por noche. Pero me convencí de que lo podía hacer y fuimos para adelante.
Para lograr mi cometido, heché mano de varios recursos del cantante "ladri". Debido a mi imposibilidad de llegar a las notas más altas (ese maldito Fa es mi techo), bajé un semitono la afinación de mi querida guitarra "Fonsequita" y descubrí que las canciones se pueden bajar de tonalidad y el tema sigue sonando igual, lo que se adecua más a mis tonos graves y me posibilita estar muchos más cómodo con mi voz.
Esas primeras semanas también fueron muy difíciles porque Cuzco está lleno de músicos y todos los lugares nos cerraban las puertas, diciéndonos que ya estaban completas todas las fechas para bandas.
Hicimos audiciones en dos restaurantes y fuimos rechazados: "Los llamamos". Ese mismo día, con la cabeza agacha fuimos a preguntar a uno de los últimos bares que nos quedaban por visitar. Quedaba en el hermoso barrio de "San Blas", subiendo por el cerro, desde donde se puede avistar todo Cuzco. El lugar llamado "Km Cero", lo regentea un chileno, que estaba parado detrás de la barra. Resignados, esperando otro "No", casi pegando la vuelta antes de decirle cualquier cosa, le pregunto, cansado ya de repetir el mismo discurso tantas veces, sin obtener resultados:
-"Amigo, somos músicos viajeros, y estamos buscando lugares para tocar".
-"Vengan mañana a hablar. Tocan la semana que viene", nos dijo Ariel, otro viajero como nosotros, que está de paso por el Cuzco montando su negocio por un tiempo.
Super contentos, salimos de ahí y fuimos al último bar que nos faltaba: "Tocan mañana". De repente, todo comenzaba a gestarse.
Los discípulos de Alcachofa hicimos nuestro debut en un show largo (hora y media) en el bar "The Muse", después de dos semanas de ensayo en nuestro hostel a las afueras de la ciudad. Todo salió bastante bien para no tener sonido, teniendo que gritar para que mi voz no se escondiera entre las voces de la gente ni por el ruido de la licuadora de los coctéles.
Los discípulos de Alcachofa hicimos nuestro debut en un show largo (hora y media) en el bar "The Muse", después de dos semanas de ensayo en nuestro hostel a las afueras de la ciudad. Todo salió bastante bien para no tener sonido, teniendo que gritar para que mi voz no se escondiera entre las voces de la gente ni por el ruido de la licuadora de los coctéles.
Pero al día siguiente ocurrió la magia: tocamos en el Km Cero, el mejor bar de Cuzco, con la mejor onda, donde se resguarda toda la bohemia en las frías noches Cuzqueñas. Con un excelente sonido, en el lugar se mezclan los gringos con plata, con los artesanos, los músicos, los poetas y los viajeros de toda latinoamérica y el mundo.
La buena vibra que hubo esa noche nos abrió los ojos. Pudimos transmitir algo que va más allá de lo musical, y nos dimos cuenta de que nosotros podíamos. Después de esa noche, todo salió como por arte de magia. El chileno nos ofreció tocar en su bar todas las noches, despues de las bandas principales, en una especie de "after hour" que comenzaba a las doce de la noche. "El Kilómetro" se llenó todas las noches y nos empezaron a llamar de otros bares.
*Con Arielito, el dueño copado del "Kilómetro".
Y los músicos de la escena local nos empezaron a mirar con recelo. Ni nos dirigían la palabra. Pero hubo unos pibes de Colombia, que la estaban rompiendo todos los domingos con su pachanga fiestera, que nos invitaron a un ensayo para ver si podíamos hacer algo juntos. La conexión que hubo ese día fue increíble, y enseguida nos aceptaron. Valerio y yo nos pusimos arreglar las canciones originales de la banda, poniéndole muchas cosas nuestras, lo que fue algo muy gratificante. Y estabamos haciendo algo diferente, o por lo menos para mí: tocar en una banda de música para bailar.
Pero al poco tiempo hubo problemas con el bajista de la banda, y yo me adentré en un nuevo desafío. Agarré el bajo, y hoy puedo decir que también soy bajista. Y "Pachanga" sale de gira en agosto, rumbo a Ecuador, con Valerio en la bateria y yo en el bajo.
*Los colombianos de Pachanga, cantando con "Los discípulos de Alcachofa".
Después otro músico, de Lima -por cierto, el mejor cantante que hay en Cuzco-, se fijó en nosotros y nos invitó a unirnos a su banda de Rock, Funk y Reggae. Y además, nos invitó a compartir el alquiler de su hermoso departamento, en el barrio de San Blas, a la vuelta de todos los bares en donde tocamos. Alvarito, ya un gran amigo, fanático de los Beatles, también se va de gira con nosotros.
*Alvarito al frente de su Fender Stratocaster, improvisando con "Los Discípulos".
Y por último, conocimos a Laurita, una española divina, con una voz increíble, que está realizando nuestro sueño originario: viajar por latinoamérica con su música, en una Kombi Volkswagen que compró en Chile con otras tres amigas. Con Laura armamos una banda de Jazz y Bossa Nova, que nos dió muchas satisfacciones y nos enriqueció musicalmente. Les recomiendo que visiten su blog: http://www.kombidinamita.blogspot.com/
Y nosotros seguimos con nuestro dúo "Los discípulos de Alcachofa", que hasta ahora es lo que mejor nos rinde económicamente.
Y nosotros seguimos con nuestro dúo "Los discípulos de Alcachofa", que hasta ahora es lo que mejor nos rinde económicamente.
Por otro lado, Valerio se perfila como el mejor percusionista del Cuzco (yo no tengo dudas de eso), dejando boquiabiertos a todos con el sonido que le saca a su bateria minimalista, que cabe en una mochilita. Apodado "El Pulpo" porque parece que tiene ocho brazos cuando toca su batería, consiguió trabajo con uno de los músicos mas conocidos del Cuzco: "El Phuru".
Y me fui al carajo escribiendo. Gracias a todos los que nos apoyaron en este camino que hemos emprendido. Se puede!!!
Y me fui al carajo escribiendo. Gracias a todos los que nos apoyaron en este camino que hemos emprendido. Se puede!!!
*Noches de Jam Session en el "Kilómetro". Acá con Juancito cantando "La Bersuit".
*Con la gringuita, haciendo música balcánica.
*Alvarito!
*Con Fernando, el mejor bajista de Cuzco (el único), que se une a "Los Discípulos de Alcachofa" cuando nos transformamos en banda en el bar "Sacras".

*Con nuestra mamita Chilena, que nos cuidó tanto...tanto!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)