"Estuvo bueno Panamá". Ese fue el sentimiento unánime que reinaba en nosotros el día en que nos íbamos de este país maravilloso rumbo a Costa Rica. Panamá fue para nosotros una experiencia increíble, y prueba de ello fue que aprovechamos hasta el último día de los seis meses de estadía que nos dieron al entrar al país.
Panama es un país en donde está todo por hacer y en donde sobran las oportunidades para todo aquel que se aventure a realizar cualquier tipo de emprendimiento. Para nosotros significó la oportunidad de grabar un disco, seguramente lo más importante que hemos hecho en estos últimos dos años.
Además, en Panamá pudimos equiparnos con un sonido propio y nuevos instrumentos y accesorios, aprovechando los buenos precios de Colón, la zona franca más grande del continente y la segunda del mundo, a una hora de la capital.
Y todo esto sin haber mencionado todavía los hermosos parajes naturales que tuvimos el privilegio de disfrutar. Lo que sigue es un recuento de nuestros últimos días en este hermoso país. Y al final les dejamos un regalito: otra canción de nuestro último disco recién salidito del horno.
Isla Robinson, San Blas. |
Uy, la concha de la lora es carnaval!
Terminamos de grabar el disco en Panamá City y fuimos directamente a la radio a presentarlo cuando ni siquiera teníamos la mezcla final, porque al otro día saliamos para Bocas del Toro, a donde volvíamos para aprovechar los carnavales y los últimos días de la temporada alta. Esta vez ya llegábamos contratados por la discoteca Iguana y el Bar Toro Loco para tocar durante los atestados días de carnaval.
Alquilamos una habitación de hotel por los últimos veinticuatro días de visa que nos quedaban en Panamá, enfrente de la discoteca Barco Hundido. El quilombo de la discoteca, que abría todos los días hasta las cinco de la mañana, que se sumaba a la música del escenario que teníamos a dos cuadras y a la de miles de puestos callejeros que competían por quién tenía la música más fuerte, nos hacía imposible descansar. Y obviamente no era Mozart y los Beatles las músicas que se fundían en tremendo alboroto; el “Danza Kururo” de Don Omar y “Estoy loca con mi tigre” de Shakira, podían sonar tranquilamente tres veces por noche en el mismo boliche.
Por suerte, la peor época del año pasó y retornó la calma. El pueblo se vació con el fin de los carnavales, pero nosotros seguimos trabajando a full porque quedamos como la única banda del pueblo.
Con algunos de los tantos amigos que hicimos en Bocas: el capitan Seba, Carlitos y "El Gamba". |
Presentando el disco en el programa radial "Voltage 3". |
Terminamos enamorándonos de Bocas del Toro, donde vivimos una vida de pueblo, muy tranquila y llena de amigos, en un gran contraste con los casi cinco meses vividos en la capital, cuando rara vez salíamos del departamento de Moni en Bellavista. Pero había llegado el momento despedirse de Bocas.
Cuando ya empezábamos a considerar la idea de renovar nuestra visa panameña cruzando a Costa Rica y volviendo a entrar a Panamá, tuvimos una señal clara de que teníamos que seguir adelante. La policía empezó a perseguirnos por supuestas denuncias de ruidos molestos: primero prohibieron la música en vivo en el bar Toro Loco después de nuestro show de los miércoles y, días después, interrumpieron nuestra actuación en la discoteca Iguana. Finalmente, nos prohibieron tocar después de las diez de la noche, obligándonos a emigrar a Puerto Viejo, la primer playa con la que uno se topa en Costa Rica viniendo de Panamá.
Cuando ya empezábamos a considerar la idea de renovar nuestra visa panameña cruzando a Costa Rica y volviendo a entrar a Panamá, tuvimos una señal clara de que teníamos que seguir adelante. La policía empezó a perseguirnos por supuestas denuncias de ruidos molestos: primero prohibieron la música en vivo en el bar Toro Loco después de nuestro show de los miércoles y, días después, interrumpieron nuestra actuación en la discoteca Iguana. Finalmente, nos prohibieron tocar después de las diez de la noche, obligándonos a emigrar a Puerto Viejo, la primer playa con la que uno se topa en Costa Rica viniendo de Panamá.
Los famoso "Diablos Rojos", el colectivo panameño. |
Vamo pa’ la salsa
Llegó el momento de que conozcan la canción que abre el disco, mi preferida de las cuatro. Inspirada en una seductora limeña que cautivó el corazón de un Kutimba, Magalí fue nuestro ensayo de salsa, un ritmo que nos fascinaba y que queríamos aprender a tocar a toda costa. Es más, tocar salsa era uno de los objetivos que nos habíamos planteado con Valerio al empezar este viaje.
“Magalí” nació a fines del 2009 en Mancora, Perú, a raíz de una intro de punk-rock que trajo nuestro querido Javier Toro y que después degeneró en algo totalmente distinto, tomando su forma actual meses después en Bogotá, cuando nos preparábamos para ir a tocar a Francia en el FIMU Festival de Belfort.
Grabando el solo de bajo de "Magalí", con la ayuda de Valerio para mutear las cuerdas. |
"Miguelito" grabando los coros de "Magalí". |
Tuvimos el placer de conseguir a unos invitados de lujo para esta canción -un verdadero Dream Team-, que confirmaron su presencia “de onda”, con la intención de ayudar a unos colegas trashumantes, más allá de los pocos dólares que les pudimos dar por las molestias causadas. Ademir Berrocal, baterista de Rubén Blades, en congas, timbales y campanas; Santiago Aguilar en trombón (ex trombonista de Blades, actualmente en la sinfónica de Panamá); Alvis Rodríguez -con solo 18 años, estudiante de jazz- en piano y Mauricio Nieto, un experimentado cantante colombiano de salsa, en los pregones del final. Todos ellos se unen a nosotros para formar nuestra soñada orquesta de salsa.
Y ahora sí, a los bifes. Abajo está el link para que escuchen y descarguen gratis "Magalí", grabada en Panamá y masterizada en Colombia. Y algo importantísimo, comenten que no cuesta nada!
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Contraportada del disco, by Ben Albert. |